Sentada bajo aquel árbol frondoso, donde todos pueden verte,
alisas tu cabello negro y brillante como una pantera salvaje.
Polveas tu nariz y te miras en un espejo de mano,
asegurándote de que aun eres bella.
Tratando de ocultar bajo el maquillaje, la
nostalgia de tu vida y la inseguridad de una belleza fingida.
Delineas tus ojos, donde habitan las estrellas, tal cual
mirada brillante, para disimular tu obvia tristeza.
Sonríes sin razón, aparentando la felicidad
deseada, conversas con las personas, e inventas una amabilidad perfecta, sin dejar duda de que eres feliz.
Cuidando cada detalle de tu aspecto, usas los colores adecuados
en tu ropa entallada.
Dejas ver tu figura deseada, presumiendo tras los escotes y
las faldas cortas, aquella piel suave y blanca como la nieve.
Sabes que eres bella para los demás, y te esfuerzas en
complacer lo que ellos quieren ver de ti.
Juran que eres feliz, porque no ven ni verán más allá de tu
aparente belleza infinita.
Pero yo veo a través de tus ojos, que tu alma está muriendo
de soledad, envuelta entre tanta frialdad.
Te daría vida si me lo permitieras, pero se bien que tu
superficialidad jamás te permitirá fijarte que detrás de un físico poco
atractivo existe un alma viva.
Sagrario de Carlo
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