lunes, 25 de noviembre de 2013

EL DÍA QUE MORÍ


Había sido un día como pudo
ser cualquiera, Skarleth y Alexander pasaron toda la tarde mirando películas y
comiendo entremeses, ella denoto cierta ternura hacia él, sin conseguir
reciprocidad prolongada. Lex, noto molestia e indignación por su comportamiento,
pero decidió remediarlo otro día.

Esa noche, conciliaron el
sueño en la sala, Lex despertó en la madrugada cerca de las 2:45am, y la miro
dormida en el sillón frente a él, se levanto para acercarse a ella y cubrirla
con el cobertor que yacía en la mitad de su cuerpo dormido, la miro por unos
segundos y la beso en la frente, pensando en lo mucho que ella significaba para
él; por alguna razón eran pocos los momento en que se lo
demostraba.

Apago la televisión y
después de beber un vaso con agua se acostó en el sillón donde había despertado
unos minutos antes, se durmió en seguida de reposar la cabeza en el suave cojín
que adornaba la sala color chocolate de su confortable casa.

Lex corría confusamente
desesperado, entre los árboles y esquivando los troncos caídos, como bajando de
una amplia colina, teniendo en su mente como un recuerdo próximo a Skarleth
cayendo de lo alto de esa colina, sin poder recordar cómo es que había
tropezado; llega agitado a la orilla de una laguna, la de Zempoala, la cual
había visitado en repetidas ocasiones, pero un par de ella con Ska, retomando
el aliento, alcanzo a ver al otro lado de la laguna a Ska, tendida en la otra
orilla, y muy cerca de ella, un enorme perro blanco jaspeado con negro, con una
mirada de azul profundo, como sus pensamientos obvios, quizás era un lobo
debido a la descripción , con suerte solo su imaginación. De inmediato corrió hacia
ella, sin causar mayor miedo o estrés en el animal, se hinco sobre sus rodillas
para agacharse y alcanzarla con mayor facilidad, ella reposaba sobre la tierra,
mojada, pálida y tan fría como el desdén de una noche estrellada sin luna, Lex
buscaba su pulso con desesperación, presiono su pecho con la esperanza de hacer
latir su corazón, junto sus labios con los de ella compartiendo su aliento, sin
recibir una respuesta que no fuera la indiferencia de su ser más que dormido,
pero aun contestando como en venganza con la misma esquivez con la que él
refería su amor. Sin mayor resignación y con un dolor tan grande que no cavia
en el pecho, alzo la mirada cruzándola con la de aquel animal que no se retiro
a su llegada, desconcertado y a punto de analizar el por qué seguía ahí y sin
atacarlo, despertó!!! Y la miro parada frente a él, observándolo,  ella dijo con una voz suave, - Tengo frío – a
lo que él contesta mientras ella estira su mano hacia él – ¿Quieres que vayamos
a la cama? -  La mira con los ojos
adormilados y toma su mano, al parpadear siente un escalofrió que recorre todo
cuerpo ocasionado por la  fría mano de
Ska, y al abrir los ojos la mira pálida y mojada como en el sueño, ella aprieta
su mano y le dice con cierta nostalgia y desesperación, - No me dejes ir… -
acto seguido, su cuerpo se seca y como si el viento entrara por la ventana, la
desvanece tal cual hecha de polvo y sin explicación.

Despierta una vez más, no
era sino un sueño dentro de otro más,

Sagrario de Carlo

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