En
un papel, podemos plasmar la versión de una historia; en una foto, la imagen de
un momento, un instante atrapado, quizás inesperado, con pose o sin ella, tan
real como sea interpretado o intencionado; un video podría acercarse más a la
verdad, pero ¿Quién es sincero frente a una cámara? Si no es en infraganti, aun
que bien, depende del enfoque a lo que quieres encontrar. El punto es que no
importa en donde plasmes la verdad, pues donde lo hagas esta no será más que tu
propia verdad. ¿Qué hay de tras de lo que escuchas, lees, miras o incluso
sientes? Es más complicado que una ecuación algebraica, porque aunque la
mayoría de las veces sustituimos las incógnitas para llegar al resultado, sino
sabemos comprobar y no lo hacemos, podemos estar equivocados.
Si
comparamos la vida con el álgebra que, incluso con indistintos derivados
matemáticos; un punto, coma, un paréntesis, signo positivo o negativo, división
o multiplicación, el más mínimo error de posición y equivocamos el resultado
por completo, o bien, atrasamos la respuesta correcta.
Incluso
para realizar una operación, por simple que esta sea, hay que aprender todo el
procedimiento, para después identificar la mejor manera de llegar a nuestro
resultado final, ya sea una rápida o no tanto, compleja o sencilla, según tu
criterio de dificultad y los medios por lo que quieras y puedas usar.
En
sí, la verdad autentica como tal no existe, y en una mentira siempre, siempre
existirá algo de verdad.
Sagrario
de Carlo
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